A través del contenido de este E-insights, presentado por la psicóloga, investigadora y co-anfitriona de EstoTV, Diana Dahre, usted será informado sobre lo que los expertos han llamado «Chupeta Digital» y las reacciones que pueden provocar. Esta expresión, que se ha vuelto recurrente en el vocabulario de los psicólogos, pediatras, educadores y profesores, se utiliza para nombrar el recurso a cualquier aparato digital que pueda calmar, silenciar o distraer a los niños mientras sus padres se ocupan de otras actividades, servicio casero al servicio de un cliente o del equipo en la empresa donde trabaja.
Así como los tradicionales chupetes servían -y aún sirven- para calmar a los bebés y hacerlos parar de llorar, los «chupetes digitales» cumplen la misma función, sólo que con un costo bastante más elevado!
Las tabletas, teléfonos celulares, juegos y cualquier otro dispositivo que pueda conectarse a Internet y que permita navegar e interactuar se ha utilizado como un «chupete digital», es decir, con el objetivo de «silenciar» a un niño por algún tiempo, ya las a veces por tiempo prolongado.
En algún momento, padres y responsables han hecho la misma pregunta: «¿Cuál es la edad correcta para que los niños empiecen a usar esos dispositivos?». Esta es una preocupación legítima y merece especial atención de todos nosotros.
La doctora Diana Dahre explica que en el caso de niños de hasta dos a tres años de edad, la medicina no recomienda la utilización de esas «pantallas», ni siquiera por cortos períodos de tiempo. Hay justificaciones serias para ello. A esa edad, los niños no están preparados para entender todo lo que ven. Para cada fase de la vida humana se esperan ciertos desarrollos que van desde aspectos biológicos a motores, psicológicos, emocionales y espirituales.
En esta primera fase de la infancia, los niños aún no desarrollaron suficientemente la cognición, que es la capacidad psicológica actuante en la adquisición del conocimiento. Este proceso natural se da aliado a los mecanismos de la percepción y de la atención, implicando en la formación de la memoria, en la elaboración del raciocinio, de la imaginación, hasta la estructuración del pensamiento y del lenguaje, fundamentales para la formación plena del ser humano adulto.
Así, en la fase de cero a dos años, llamada fase sensorial, el individuo se relacionará con el mundo a su alrededor por medio de las herramientas que mejor responden a su edad, como los contactos por medio del tacto o, como decimos, esa es la «Fase oral», porque con mucha facilidad y rapidez los niños sostienen objetos e inmediatamente los llevan a la boca, cuando no se inclinan hacia el objeto por no conseguir sostenerlos, intentando sentirlos por el paladar.
El uso precoz de las pantallas ha llevado pediatras y ortopedistas a hacer una advertencia que no podemos ignorar. En razón del uso cada vez más temprano de aparatos que requieren atención constante se ha llamado de cuello de cuello, que son disturbios provocados por la exposición prolongada a estos dispositivos, forzando al niño a estar por demasiado tiempo con el cuello encorvado a fin de interactuar con el equipo. En los últimos años, ha habido un aumento de la demanda de padres que llevan a sus hijos a los quiroprácistas, así como a los masoterapeutas, porque han sido cada vez más frecuentes las quejas por daños en la columna cervical aún en los primeros años de vida.

No sólo la postura ha sido perjudicada, pero la visión de los niños también ha sido afectada cada vez más temprano. Cada año, el número de niños que necesitan usar gafas ha aumentado en los primeros años de vida, y el factor principal, de nuevo, es el uso prolongado de aparatos digitales.
Además, sabemos que el acceso prematuro a Internet puede exponer a los niños a imágenes agresivas, fuertes y traumatizantes, llevándolas a situaciones delicadas, como tener pesadillas, terrores nocturnos y desarrollo de fobias sin causa aparente.
Pero cuando los niños podrán utilizar esas maravillas de tecnología? Es posible ver una funcionalidad apropiada para los dispositivos cuando, por ejemplo, tocan canciones que calman al niño, creando una situación distinta y deseable, propiciando una experiencia positiva para los pequeños.
El uso moderado se recomienda para personas de todas las edades, pero para los niños a partir de cinco años de edad se recomienda hasta 30 minutos al día, aumentando poco a poco a medida que se eleva su edad.
Ya hay encuestas en los Estados Unidos dando cuenta de que los niños asimilan de manera negativa la desatención de los padres en relación a ellas durante tiempo prolongado. Según estas investigaciones, con mucha frecuencia ellas han desarrollado un estado de angustia y ansiedad, una vez que los niños asocian la prolongada exposición de los padres a aparatos electrónicos como si estuvieran con depresión, tristes o con problemas de otra naturaleza. Ha faltado el viejo y bueno «ojo en el ojo» en la relación padres e hijos. Mirar es la manera más natural de acceder a los sentidos aún en desarrollo y hay hijos clamando por ello.
Si en rigor las tabletas y los teléfonos móviles no se han diseñado con fines pedagógicos, no debemos olvidar que hay mejores recursos, más apropiados y que pueden cumplir funciones específicas para esta primera fase del crecimiento infantil. Hay varias actividades envolventes, lúdicas y que auxilian el desarrollo de los niños entre cero y tres años. Juegos y juguetes que exigen el manejo, la interacción y la manipulación, como masas para moldear, juguetes de encaje, juguetes entre otros, cuya finalidad es desarrollar sus aspectos cognitivos y psicomotores.
La educación para la buena formación psicoemocional de los hijos exige atención, afecto, sensibilidad y otras habilidades humanas, no digitales, que fortalecerán su desarrollo sano. Estas habilidades no pasan necesariamente por la competencia profesional de los padres o por el carisma que las redes sociales pueden atribuir a aquellos que un día planearon o asumieron la incomparable misión de convertirse en padres o madres.

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