Hay cosas que la gente aprende en la escuela y encuentra muy lejos de la realidad y que es cosa de libro. Es el caso del peluquero y la enfermedad de llagas que transmite. No es algo muy común de ver en grandes centros, pasando con el vecino o amigos. Pero la conversación de esta semana del Torrego con el Dr. Roberto Figueiredo, el Dr. Bacteria, revela que no es así.

Vamos por partes. Para el comienzo de la conversación, ¿qué es el peluquero? Es un insecto que parece un escarabajo y es el huésped del protozoario Trypanosoma cruzi, que provoca la enfermedad de llagas. Esto es porque cuando él pica la piel, aspira la sangre también deposita sus heces. La consecuencia natural es que la persona comienza a rascar la región, esparce todo el estrago, que entra en contacto con la sangre y listo, la bacteria ha encontrado la puerta de entrada al organismo.

En la escuela aprendemos que ese insecto es común en casas de barro y palo a pique, más comunes en regiones más alejadas y en condiciones más precarias de Brasil. En la clase de ciencias, la picadura del barbero no es la causa más común de transmisión de la enfermedad hoy en día. Podemos poner la culpa en el açaí y en la caña de azúcar.

Eh?! ¡¿Como asi?!

Por más raro que parezca, es verdad, estos dos aparentemente inocentes alimentos pueden transmitir la enfermedad de llagas. Esto es porque sus plantaciones son hábitats naturales del peluquero (él de nuevo!). Cuando tiene cosecha, los insectos acaban en el medio y, más que eso, son triturados (para consumo) juntos. Y ahí, esparce bicho y bacteria para todos los lados y va a parar en la mesa de incontables personas. Esto, por supuesto, ocurre en lugares sin la debida higiene y cuidado.

Pero, ¿y ahora? ¿Debo suspender el açaí?

Claro que no. Primero porque el número de contaminaciones es bajísimo. Segundo, hay algunos cuidados pueden ayudar. Para empezar, no coma açaí en ningún lugar y de procedencia dudosa. Asegúrese de que la higiene es algo en la rutina de la plantación. Además, la forma más segura de consumir el fruto sin riesgos es optar por las opciones pasteurizadas. “Antiguamente se hablaba de congelar a una temperatura por debajo de 32 grados por dos o tres días, pero eso es historia. Congelación no mata al bicho “, alerta el Dr. Bacteria.
Por lo tanto, cuando vaya a comprar, eche un vistazo antes en el embalaje si el producto está certificado por órganos de vigilancia, como el Ministerio de Agricultura o Vigilancia Sanitaria, y si se ha pasteurizado. Por supuesto que el sabor no será el mismo de la versión in natura, será un poco alterado, pero es la salud que cuenta y vale ese “sacrificio”, no?

Para la caña de azúcar es un poco menos preocupante porque hoy ya existen legislaciones específicas para la plantación y cultivo sano, libre de ese riesgo.

PASTEURIZACIÓN
Cuando hablamos en pasteurización luego asociamos a la leche. ¿Y otra interrogación surge: açaí pasteurizado?

Sí, no tiene nada mal en eso. Después de todo, la pasteurización es el nombre de un proceso que puede ser utilizado en varios alimentos. Consiste en destruir microorganismos patógenos que puedan existir en la leche, en el açaí o en el escogido a ser higienizado.

En este proceso, el alimento pasa por un calentamiento a una temperatura muy alta por tiempo determinado y, inmediatamente después, es enfriado bruscamente. Este cambio brusca es el que elimina los microorganismos en cuestión. El tiempo de la calefacción y el enfriamiento se calcula y necesitan ser respetados para evitar el deterioro de la comida – queremos acabar con los microorganismos, no con el alimento. Pero para el trabajo no ser en vano, el alimento es herméticamente cerrado para evitar contacto con el aire y nuevas contaminaciones.

Quien descubrió la eficacia de ese juego de temperaturas en la higienización y conservación, así, creó el método fue el químico francés Louis Pasteur, de donde viene el nombre del proceso, en 1864.

Fue gracias a ese descubrimiento que permitió transporte y almacenamiento por más tiempo de alimentos como leche sin que entrar en descomposición y hacer un daño dañado en la salud de las personas. Es decir, una gran contribución a la calidad de vida.

XXX
¿Y todo eso por qué? Para evitar la enfermedad de las llagas. A tal de la bacteria, cuando alcanza la sangre, alcanza automáticamente diversos órganos. Entre ellos el hígado y el corazón, siendo éste el más asociado a la enfermedad. Además de las formas de transmisión ya citadas allá arriba (picadura de barbero o ingestión de alimentos contaminados), transfusión de sangre de personas contaminadas también puede ser una de las causas.

Los síntomas son: fiebre, malestar, hinchazón en los ojos, hinchazón y enrojecimiento en el lugar de la picadura del insecto, fatiga e indisposición, irritación en la piel, dolor en el cuerpo, dolor de cabeza, náusea, diarrea, vómito, nódulos, tamaño del hígado y del bazo. Y en casos más avanzados puede ser fatal.

El tratamiento tiene como objetivo matar y retirar el parásito y reducir los síntomas. A veces y dependiendo de la fase de la enfermedad, los medicamentos ayudan. En etapas más avanzadas no tratan, sólo alivian los síntomas e impiden que progrese.

Este nombre se debe a su descubridor, el médico brasileño Carlos Chagas. Que aún acumula en la carrera cuatro nominaciones al premio Nobel de Medicina y Fisiología.

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