¿Cuántas veces oímos o hablamos «las máscaras van a caer»? Pues ese es el tema de la semana en ese #einsights. Diane Dahre conversa con el Torrego sobre esta faceta de la psicología y el comportamiento humano.

Volviendo a las máscaras que caen, esa expresión suele tener una connotación negativa, relacionada a personas que serían supuestamente falsas y presentarse socialmente de una forma y, con el paso del tiempo, revelar lo que sería la verdadera personalidad.

El hecho es que todos usamos máscaras sociales de alguna forma, en algún momento de nuestras vidas. A veces es porque necesitamos asumir una determinada postura en horario profesional, otras veces ya podemos adquirir un comportamneto más ligero en ambiente casero más relajado, de vez en cuando rescatamos manías y hábitos cuando encontramos amigos de infancia … Estas adaptaciones sociales son necesarias y naturales que, se suceden en todas las esferas de la vida y varían de acuerdo con el papel que estamos desempeñando.

Por ejemplo, cuando demostramos alegría, pero en realidad no estamos en los mejores días; o cuando se transmiten mucha seguridad y allá en el fondo estamos muriendo de miedo. Esas son algunas situaciones cotidianas de cuando elegimos usar las máscaras de forma consciente, por necesidad o por protección de sí mismo o del otro.

Yendo un poco más a fondo, algunas máscaras cargan traumas y, podemos decir, que tienen la buena intención de proteger a la persona y evitar que ella pase por nuevos sufrimientos. El que aparenta ser duradero, por ejemplo, no siempre lo es de verdad. A veces sólo puede ser una fuga o, como estamos hablando, una máscara para ocultar traumas sufridos en el pasado. Y el resultado sería esa personalidad casi «insensible» para esconder una inseguridad y también protegerse de pasar por un sufrimiento nuevamente. Otro ejemplo es aquel que es dependiente en las relaciones (sea amoroso, de amistad, profesional o familiar) por haber sufrido un abandono y ahora, para evitar abrir esa herida o no correr el riesgo de un nuevo rechazo, usa esa máscara – que, en algunos momentos, puede ser confundido o hasta convertirse en una sumisión.

¿Eres tu?

Pero no siempre las tales máscaras aparecen con responsabilidad o hacemos buen uso de ellas. A veces la persona «entra en el personaje» de una manera tan intensa que pasa a no ser ella misma, actúa sin verdad con su propia esencia.

La psicología lo llama Falso Self, algo así como una pseudo-personalidad. Lo que pasa es lo siguiente: desde que nacimos, desarrollamos nuestra personalidad a partir de experiencias y vivencias en nuestro día a día que vamos almacenando y almacenando. Juntas, cuentan nuestra historia y trazan nuestro perfil. Es llamado de Verdadero Self aquella personalidad que surge de forma espontánea en la gente, fruto de esas experiencias que acumulamos. Y el falso self es cuando esas características están formadas por influencia externa, cuando hacemos o seguimos decisiones y voluntades de terceros, sea el compañero, los padres, el jefe …. Aquella situación en que el otro dice qué y cómo hacer, ¿sabes? Según Diana Dahre, en el consultorio esa es una queja muy común entre aquellos que son o se quedaron en una relación por mucho tiempo. «La persona llega y no sabe quién es, de lo que le gusta … No sabe ni se le gusta el helado de chocolate o qué tipo de música es la suya, la simbiosis con el otro fue tan grande que usted pierde la personalidad». que al comienzo de la pasión, es más fácil aceptar al otro. Con el paso del tiempo, con el fuego de la novedad más débil, la mujer tiende a querer que el hombre cambie y el hombre quiere que ella permanezca igual de antes.

También sucede cuando la persona se dedica enteramente al trabajo de una forma tan intensa y deja que tomar de su vida que, cuando pierde el empleo, por ejemplo, considera aquello la pérdida de la propia identidad y se pierde, pudiendo incluso entrar en depresión.

Otro uso complicado de las máscaras, según Diane, es cuando la persona quiere impresionar al otro, y allí usa ropas, marcas y tiene comportamientos que no condicen su verdadero yo (ya veces ni con sus condiciones financieras). Pero lo hacen aun así por creer que ese es su mejor y que, de esa forma, va a atraer y sentirse parte de ciertos grupos y tribus, o simplemente agradar o evitar juicios y críticas. Como lo que depresivo que finge estar feliz, aquel en crisis que trasciende una vida perfecta, el ansioso que dice estar en paz …

En un grado aún más intenso, la psicopatía es un tipo de máscara. «Son personas muy inteligentes, muy observadoras y usan eso para atraer y conseguir del otro lo que anhela, usa para que hagan lo que él quiere», explica Diana. Generalmente ese rasgo de personalidad está muy ligado al poder y quien tiene ese perfil tiende a cargos como CEO de la empresa, médico, abogado … Recordando que estamos hablando en grados bajos de psicopatía, y no aquellos famosos casos de asesino en serie o nada cerca de eso.

Máscara en el otro

¿Y cuando no usamos la máscara, pero colocamos en el otro? Esto sucede también. Son aquellos casos en que creamos mucha expectativa en relación a alguien, imaginamos y queremos que sea de determinada forma, o hasta proyectamos en ella nuestras fallas, debilidades y deseos. Y ahí, cuando descubrimos que esa persona no es eso lo que imaginamos, pasamos por la decepción.

El mejor camino para saber manejar esas máscaras reales y falsas, fáciles de cargar o super difíciles de entender, máscaras nuestras o de terceros, es tener conocimiento y autoconocimiento: saber quién eres. Y la forma para ello es buscar la terapia. No es que todo el mundo necesite terapia, pero sin duda es una herramienta que hace bien para todos. Hace que usted piense mejor, se observe más y consiga entender a sí mismo, al otro y al mundo.

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