Un ángel en un hombro, un diablo en el otro … La imagen es común en dibujos animados y cómics desde que somos pequeños. Porque no es sólo allí donde es común. Esta escena está también en la vida real desde que somos pequeños. Cargamos nuestros anillos y diablos imaginarios en los hombros, metí en nuestras vidas, participando de todas nuestras decisiones, peleando entre sí para ver quién tiene razón. Y en medio de eso, estamos nosotros, sin saber si nos dejamos llevar por un lado u otro.

En realidad, el ángel y el diablo de la vida real no están en nuestros hombros, sino dentro de nuestras cabezas y, al fin y al cabo, somos nosotros mismos. Son nuestro lado bueno y nuestro lado malo. Es, una vez más, nuestras mentes entrando en acción.

Este fue el charla con la psicoanalista Diana Dhare con el Torrego en esa edición de #EInsights.

Diana cuenta que el diablo representa todos los placeres a los que estamos expuestos diariamente y que nos hace quedar tentados 24 horas por días. Como dormir hasta tarde, ser perezoso, dejar las obligaciones para después, beber, comer tonterías y bastante, es la voluntad de cambiar el trabajo por un día en la playa, entre otras tentaciones. Ya el anhelo son nuestros límites, es él que trae ese sentido de conciencia y dice cuando hay que parar, ir con más calma, pensar dos veces antes de actuar. Es él quien “nos mantiene” en la línea, que apoya el trabajo, el estudio, el cumplimiento de las obligaciones, el control del alcohol y del cigarrillo, la alimentación adecuada y sana, los ejercicios diarios …

Y es del anhelo la tarea más difícil. Porque, al fin y al cabo, el ser humano quiere el placer todo el día, esta siempre detrás de lo que es bueno y, así, facilita el trabajo del diablo y complica para el ángel, que necesita ser más convincente para tener éxito en su misión . “Cuando hablamos en ángel y diablo es la lucha que tenemos todo día santo. Estamos siempre detrás de placer, y del otro lado tenemos el superyó con sus límites. “Ellos pelean entre sí todo el tiempo”, aclara Diana.

Freud explica
Como todo lo que está relacionado con la mente humana, también en este caso podemos entender el porqué de cada uno de ellos a partir del psicoanálisis y las enseñanzas de Freud. Para empezar, vamos a los nombres correctos. El anhelo, o el lado bueno, en realidad es el superyó. El otro lado, el diablo medio malo, es el id. Uno es el “deber”, mientras que el otro es el “querer”.

El superyó son los límites. Es como si tuviéramos a nuestros padres dentro de la cabeza siempre diciendo “así no”, “mejor cambiar de idea”, “eso no hace bien” … Es el lado responsable, que aprecia por el buen comportamiento, siempre. Lo que ayuda a definir lo que son buenos los conceptos morales y culturales que acumulamos en nuestras vidas, desde los padres como referencias, hasta nuestra propia personalidad, enseñanzas y aprendizajes a lo largo de los años. Todo lo ayuda a formar nuestros valores y referencias. Por las enseñanzas de Freud, el superyó comienza a desarrollarse a partir de los 5 años de edad. Es a esa edad que nuestro contacto con la sociedad se va ampliando e intensificando. Es cuando ya frecuentamos más círculos sociales, como escuela y casa de amigos, estamos más expuestos a las personas con sus diferentes comportamientos y empezamos a formar la capacidad de interpretar todo esto.

El id, el otro lado, es más rebelde y no le gusta mucho las reglas y las convenciones. Básicamente funciona movido por los placeres, impulsos y nuestros instintos primitivos, sin preocuparse por lo que viene de sus acciones. Incondicional, como un hijo adolescente que quiere enfrentarse a esos “padres” allá arriba.

El hecho es que los dos traban una batalla constante, y cada hora uno vence. Es decir, no somos 100% placer y ni 100% límites. Tenemos los dos, todo el día, todos los días. Aunque a veces un lado hable más alto que el otro. El secreto aquí es tener equilibrio. ¿Pero como? Hay quien evite tener chocolate en casa para no comer esa golosina todos los días – pero libera los fines de semana; pero no deja de comprar una cosita de vez en cuando …. Estas y otras artimañas ayudan a encontrar el medio término. Porque ese es el gran desafío: equilibrar los deseos y los límites, para garantizar los placeres sin abandonar los deberes.

La verdad es que nadie merece quedarse sin los placeres de esa vida. Pero tampoco necesitamos exagerar y perder el control de la situación. Nos gusta (y necesitamos) satisfacer nuestras voluntades y deseos del ahora. Pero siempre recordando que es el tuyo de mañana que sufrirá las consecuencias, si algo sale del control.

En resumen, el diablo quiere vivir el ahora, pero el anhelo está allí para recordar que existe el mañana.

Frodo explica
Una analogía muy común hecha por ahí es con la trilogía de películas “Señor de los Anillos”, de J.R.Tolkien. Quien asistió debe recordar a Gollum, uno de los personajes que vivía obsesionado detrás del anillo precioso y hacía todo para satisfacer ese deseo. Pues aquí puede simbolizar el id y los impulsos primitivos que despertaban en el personaje. El superyó, en la película, es Samwise, la brújula moral de Frodo. Ella coloca límites, controla el deseo e impide que el niño se deje llevar por los deseos e instintos que el anillo despierta en las personas. Frodo, por fin, sería el ego, que es el aquí y ahora, que queda allí en medio oyendo palpites de los dos lados, ponderando para resolver qué hacer.

¿De qué lado estás?
Así somos nosotros, entre el bien y el mal, entre el ángel y el diablo, entre el superyó y el id, entre el gollum y el Samwise. Oyendo cochichos de todos lados, todo el día para tomar nuestras decisiones, recordando que somos responsables de nuestros actos y elecciones. Y ahora, ¿para qué lado vas?

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